Sed... [en Escenario]

domingo, 27 de mayo de 2007

Hola a todos. Hoy salió publicado un... relato/escrito/no-se-bien mío en Escenario [cine + cultura] suplemento de la Voz de la Frontera. El escrito en cuestión lo leí ya en la presentación del 12 de mayo, sale hoy publicado donde ya dije, pero no podía dejar a mis 5 lectores bloggeriles sin la oportunidad de conocerlo. Por lo pronto una foto del papel con ideas:
(Escenario, domingo 27 de Mayo de 2007, p. 11)

Por cierto, siguiendo con la presumidera :p, al parecer ya casi tenemos nuestra sección en Escenario. ¿Quiénes? Los Britneyks, esos jóvenes creativos y blablabla, quienes ya tenemos tiempito publicando en éste espacio y ahora el Sr. bernal nos pone ya como sección. Esperamos continuar así: publicando. Foto:
Pero bueno, como esto no se trata -nada más- de presumir. Aquí les dejo el escrito en cuestión y pongo a su consideración los comentarios. Espero les guste.




Sed...

(foto: to-taste, de: cwg)

Espero el camión un día cualquiera, a mediodía, con el sol quemando las páginas del libro que leo recargado en el alto grafiteado de ésta esquina olvidada por la mano de Dios y por las rutas de transporte público. Leo, aprovechando la insignificante sombra que sobre mi cabeza se alcanza a sostener y siento arder los ojos ante el reflejo de las blanquísimas páginas que en mis manos se abren para hablarme de mujeres distantes, exuberantes, malévolas y deseadas... pienso en ellas y me pierdo en las letras de un poema cualquiera: han pasado ya dos autobuses de los que no descubro a tiempo su existencia, hasta que es tarde y me resigno a esperar otra media hora, mas no al sol: busco una sombra perdida que haya aparecido de la nada cerca de aquí. No, no hay ninguna: el sol se señorea sobre mi piel cansada, morena, quemada... pero no importa; uno termina acostumbrándose a sentir quemándose la piel, no sin hacer corajes: lo tragamos o lo gritamos en el aire caliente que quema –también– nuestros labios resecos y la garganta sedienta.

Aguardando el momento en que coincidan mis ojos abiertos y el camión acercándose, sigo embelesado en las mujeres que se posan y florecen sobre las líneas de éste manojo de páginas marchitas. Continúo ensoñándome con otros tiempos y otros sitios, algunos donde el calor emane desde adentro. En eso, de la nada, de algún lugar que escapaba de mi visión alerta, sale hasta donde yo me encuentro, una mujer que, sin ser excepcionalmente hermosa, despierta en mí el recuerdo de que no todo está dentro de los límites marcados por las páginas de este u otro ejemplar de poesía o cualquier otra obscenidad: allá afuera hay también un mundo esperando ser descubierto y, en este mundo, hay también mujeres…

¿Para qué seguir leyendo? Sería mejor poder leer, sobre las líneas minúsculas de los contornos en que se descifra el cuerpo de una mujer, alguna historia tan humanamente cercana a nuestro corazón (a mi corazón), igual de cercana que esa piel que ahora, al verla moverse hasta la parada de autobús donde yo aguardo, esa piel se acerca hasta casi tocarme con el leve aire que desliza hacia mi presencia. Estoy delirando. ¿Para qué seguir leyendo? Las historias más interesantes son aquellas que podemos descubrir de los propios labios de quienes las cuentan; o descifrar lentamente, al recorrer con lentísimo arrebato el cuerpo de ese alguien…

De tanto imaginar lo que tengo pensado susurrarle al oído a ésta muchacha de piel morena clara, de ojos marrones y labios delgados, de caderas torneadas y senos pequeños; de tanto pensarlo, sin decírselo por la barrera que me impone el que no nos conozcamos; de tanto decirlo para mí, me voy quedando con la lengua seca y se aglutina en la boca una resequedad, una sed inmensa…

¡Maldita la sed que el agua no sacia! Sed de mujer: sed de unos labios, de unos pechos de los cuales beber hasta la embriaguez [oh, sabroso licor]; sed de unos brazos que me arrullen en noches insomnes: mis ojos abiertos a medianoche, mirando el vacío en que deberían estar otros ojos, un cuerpo de mujer alimentándome el sentimiento y no manteniéndome en el suplicio... Sed de una respiración arrinconándose en mi pecho.

Sed de otro sol: uno que logre quemarme por dentro. Estoy harto de sentir arder la piel mientras en el pecho se reproducen cristales de hielo, de hiel, de sin-sentido.

Entretanto, espero el camión en ésta esquina olvidada por la mano de Dios, mientras leo acerca de mujeres que anhelo con un solo rostro, con un solo cuerpo: aquel que es la medida perfecta de mi cuerpo, embonando hasta el último resquicio y comisura de mis labios, atándose con miradas que penetran incluso las neuronas y llegan hasta el pecho donde yace un corazón compartido, palpitando a un solo ritmo, en una danza eterna, sublime, a la que busco volver...

Déjame danzar con tu alma, amor mío, donde quiera que estés. En ésta danza perpetua hemos cambiado tantas veces de rostros que, sí, es cierto, nos confundimos, nos extraviamos: hemos tropezado y caído cien mil veces pero sé, corazón compartido, que puedo reconocer tus pasos y el ritmo en que bailas y bailan tus ojos buscándome mientras te busco, puedo reconocerte un día de éstos... tan sólo prométeme, amor mío, que danzarán de nuevo nuestras almas, donde quiera que estés... Déjame danzar con tu alma, amor mío, donde quiera que estés.

Tengo sed... y en ésta esquina olvidada por la mano de Dios no hay aún la sustancia capaz de saciarme, por eso a veces me refugio en las promesas de éstas blan-quí-si-mas páginas marchitas.

Eduardo Perezchica || (22 de agosto y 4 de septiembre de 2006)




Por cierto, para lectores asiduos (habrá alguno?),
una versión de esto fue posteada hace unos meses
y suscitó unos cuantos comentarios. Como prueba: click aquí.

1 curioso ha dicho::
Ms.Orizschna dijo...

Felicidades por tu seccion!!!!
Bueno, SU seccion.
Chingon escrito.


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