Blogday {desde Mérida}

viernes, 31 de agosto de 2007

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Hoy, como todos los años desde hace... bueno, como dos años, o algo así... hoy es el blogday, fecha que se utiliza en la blogocosa para promover entre los lectores de uno (como 6 y medio, según mis últimas cuentas) aquellos blogs no tan conocidos pero que a nosotros nos encantan o simplemente nos vuelven adictos a su contenido. El año pasado participé compartiéndoles los blogs de John&John, Relatos obscenos en Mi menor (el cuál por desgracia fué abandonado y retomado por un spammer :S ), Full Moon Tonic, Bajo Confesión, y, también les comenté de AutoLiniers.

Este año quiero compartirles blogs de esos de los que soy un lector anónimo, hasta cierto punto, y que me han vuelto lector frecuente (vía Google Reader) de lo que escriben/dibujan. En orden de aparición (en mi GR):
  1. Hay que ser realmente idiota para: no leer este blog (space, pero ello no le demerita nada) en el que se mezcla la poesía (muy buena, llegadora, bien hecha a mi parecer) y ocasionales comentarios de la vida del autor en forma de poesía, también.
  2. La ninfa vouyerista: me provoca un poco de lo que su título nos avisa y, bueno, también es una circunstancia propia de la blogocosa y, además, es gracias al afán vouyerista que hoy podemos compartir blogs que nos encontramos por ahí para presumirlos. Este blog recava una serie de relatos de una mujer que se describe a través de sus perversiones (as must be), en ellos encontramos sexo, lesbianismo, libertad, vida diaria, heterosexualidad, miedos, cotidianeidad y, en fin, esas cosas que nos rodean (y/0 buscamos), queramos o no. La voz de esta escritora es fresca, personalista, creativa... a mí me encanta, no se ustedes...
  3. Alberto Montt - en dosis diarias: es un blog, o bueno, más bién es el recipiente de los dibujos que, a partir de juegos de palabras o de situaciones curiosas de la vida y nuestra cultura, va dejando unas viñetas que en más de una vez me dejan riéndome a carcajadas:P. Supe de él cuando en otro blog utilizan una de sus viñetas para ejemplificar esos libros que son simplemente insoportables... denle click y vean de qué hablo.
  4. De noche soy tu caballo: es, además de amenaza/propuesta/advertencia, un blog que, según describen sus autoras es un "proyecto literario con forma de blog. espiral de minicuentos enlazados por el hilo del erotismo. 9 mujeres. monterrey". ¿Necesito decir más?
  5. Disiento, luego existo: es uno de esos blogs que tienen como propuesta reflexionar, sin amarillismo ni afanes relacionados con pagerank, visitas, etc. sino el simple hecho de poner en discusión temas que al parecer quienes los discuten, lo hacen con los pies. Lo conocí a través de un meme de esos a los que no suelo adherirme (ey! esto no es un meme, es una campaña :P), donde Zolliker lo premiaba dentro de la categoría de blogs que te ponen a pensar... verdad que sí. Dense una vuelta.
Y hasta ahí llega la cuenta. Nomás se trata de 5, así que no le sigo.

OK, se preguntarán algunos, o quizá no lo hagan, no los culpo... se preguntarán por qué digo {desde Mérida}, pues sucede que acabo de cumplir una semana en tierras yucatecas ya que me vine un semestre de intercambio a estudiar algunas materias en la UADY. ¿Que si cómo estoy? ¿que cómo me siento? Pues estoy bien, adaptándome aún al ritmo de esta ciudad, de la escuela, del clima (que sin ser como el de Mexicali, pues es húmedo... sí, posiblemente me toquen unos cuantos huracanes, ok). He salido poco, aunque un poco más de lo que saldría en Mexicali, llevo una semana, denme tiempo... el caribe y las pirámides, todas ellas, me esperan, pero aún hay tiempo. Así que los dejo, como podrán darse cuenta, he tenido un poco desatendido este blog, pero es por esto del intercambio y, además, por unos cuantos proyectos que se andan dando por ahí y de los que espero platicarles luego. Bueno, me despido, adiosín.

Hace ya más de un año

viernes, 17 de agosto de 2007

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(foto: Sergio Higuera)

¿Por dónde comenzar? Quizá contándoles todo, desde el principio de todo, de todo esto.

Caminaba rumbo a dónde sea, con el ánimo de no llegar a ningún lado. Vagando, paseando el ocio y la incertidumbre en los bolsillos y, tras unos pasos en la calle que no importa, a punto de tropezar con algo que no interesa, me topo con esta mujer (la de la fotografía) quien me busca un poco hasta toparse con mis ojos que la veían discretamente y que en aquel momento escapan a su mirada. No le entiendo sus intensiones, así que sigo derecho, derecho, derecho… aquí no ha pasado nada.

Ella, alcanza a ver mi cuerpo en plan de huida. Dispara un par de palabras, unas cuantas oraciones para envolverme en algo de lo que no tengo idea. Volteo, apenas para verla ahí, haciéndome propuestas indecorosas de todo tipo, usando expresiones que yo antes sólo había escuchado en personajes y en libros de los cuales no tengo buenas referencias por su contenido tan contaminante a mi frágil consciencia. ¿Qué tipo de mujer es ella? ¿Qué es lo que le anima a utilizar palabras que no se conjugan así, de esa vil manera, sin perjudicar a la lengua, a nuestras ideas, a mi sensibilidad? ¿Qué afán de remover escombros de mi mente? [Nadie sabe de los escombros en mi mente].

Lo bueno es que un amigo me acompañaba. Quedó perplejo al igual que yo. Sólo atinó a tomar esta fotografía como prueba en su contra, mientras yo quedaba desconcertado tratando de encontrarle sentido a todo. No quise saber más, ni qué habría sido de ella. Seguramente la recluyeron en un psiquiátrico; a veces da pena ajena encontrarse a gente por la calle que aún piensa así. ¿En qué mundo vivimos? Por Dios…

La imagino recorriendo los largos pasillos del psiquiátrico, pensando que al llegar al final de su recorrido habrá de encontrarme. Lástima; a veces me siento mal. A veces siento que quizá, en algún lugar de mi mente, cabría lugar para aquellas perversiones propuestas y que, de ser así, habría encontrado a la mujer de mi vida y estaría ella, ahora, cual Penélope, esperando mi llegada y yo, con ánimos de ir a buscarla pero dudando. O tal vez no, ¿y si está con alguien más? después de olvidarme inmediatamente, de desprenderse del cruel recuerdo de éste tipo que la trató así.

[La justicia no está del lado de los justos, sino de quienes la acariciamos lo suficiente –me dijo algún Don Nadie–: es una gatita que ronronea en los pies de los que la alimentan y que saben tenerla domesticada, con la suficiente hambre para que vuelva de mañana, al salir el sol, para ofrecernos una sonrisa.]

He sentido pena, tan sólo que ahora no sé si es por ella o por mí mismo. Hace ya más de un año… calculo que el tiempo ha seguido transcurriendo sin importarle que mi mente se mantenga detenida en el recuerdo de aquel momento, cuando la flaqueza, el miedo y la impaciencia me robaron la oportunidad de brindarme una oportunidad ahora perdida, parecer ser.

Desde entonces ha sido una búsqueda constante por la zona centro de mi ciudad, por todos los a dónde sea con el mismo ánimo de no llegar a ningún lado, para ver si encuentro una mujer que me haga las mismas propuestas que aquella amable mujer a la que no supe apreciar, por la que ahora paso noches en vela en que se me acumulan perversiones como las propuestas, por si algún día tengo la suerte de encontrarle. No importa que fuese en otro cuerpo, con otro sabor en la carne, sólo importa que en el fondo sea ella un espejo donde pueda realmente verme tal cual soy: perverso.

Por desgracia, todas las mujeres que en algo se han acercado a ella –al menos en apariencia– no me proponen nada, al contrario, me piden algo, lo mismo todas ellas: dinero, obediencia, que me deje domesticar y que, al terminar, me vaya lejos –con mi cuerpo o sin mi cuerpo–. Qué más da, el amor lo buscarán en otra parte. No es en ellas, no. No es en ellas en quienes podré encontrarte, si en ellas no me encuentro, sólo me pierdo y estoy harto de engañarme.

Me ha sido imposible hallarte, ¿dónde te he dejado? Te he rastreado recorriendo los pabellones del psiquiátrico tan vehementemente que me han confundido con un interno, y me he dejado confundir. No importa que me aten, que me maltraten, que me curen de enfermedades mentales que no tengo, pues la única que tengo habrá de curarse al encontrarte, en ese preciso instante. Necesito estar por aquí un poco más de tiempo, reconocer todos los lugares: subirme a la copa de los árboles y buscar cualquier rastro de ti. Acepto que tu recuerdo se ha nublado en mi mente y que puede que sea incapaz de reconocer tu rostro entre una multitud o viéndote de frente. Hoy, después de todo esto, estoy buscando tan sólo, sin saber a ciencia cierta ya, qué es precisamente lo que espero encontrar. En el fondo, todo empezó por evitarte, evitar impregnarme de tus perversiones, para luego reconocerme y encontrarme, dejar que emergieran en mí las perversiones que había reprimido y que, paulatinamente, se han sublimado.

Ninguna de ellas me ofrece nada a cambio más que el simple y llano contacto carnal. La mujer que yo busco –tú–, me insinúa un abanico de posibilidades, imposibles antes, ciertas contigo. Es por eso que me desespera no recordar tu rostro: el de la fotografía no pareció ser nunca el que recordé al principio y que terminé olvidando, pero que hoy frenéticamente persigo descifrar raspando en los resquicios de mi memoria.

Una de estas mujeres, déjame contarte, se atrevió a decirme que si le llegaba al precio me llevaría al cielo. –¡¿Qué?! Disculpe, ¿ha dicho usted bien?–me desconcertó, y hasta cierto punto logró enfurecerme su inverosímil propuesta. El resto de su parloteo terminó por dar sentencia a su tipo de mujer (que no sé bien qué tipo de mujer sea, la verdad). Pero, a la vez, sus murmuraciones incoherentes me embarcaron en una más de las preguntas que hoy alimentan mi retórica mientras los encargados del psiquiátrico me amedrentan con un poco de imágenes inconexas y electroshocks semi-imperceptibles: ¿Quién le ha dado a ella el permiso de ponerle precio a algo que no le pertenece?

[Malditos y benditos los poseídos por la ignominia.]


Últimamente ya no busco nada, he dado por perdido aquello que me ofrecieran en aquel lugar:

– Oye –me dijiste–, si tu me dejas, soy capaz de abrazarte y besarte. Te ofrezco dejar que me mires y mirarte. Te ofrezco dejar que me toques y tocarte...

– Es lo mismo que me ofrecen todas –contesté–. Sólo que todas pactan distinto.

– Yo no soy una de todas –dijiste–. Yo te ofrezco sin pedirte nada a cambio. Te ofrezco mirarte y que tengas la certeza de que al hacerlo mis ojos y mi mente están contigo, en cada momento. Te ofrezco tocarte de tal manera que puedas darte cuenta que no podría ser de otra forma: te estaré tocando a ti, hombre, sabrás que no habrá más nadie a quién quiera acariciar y arañar, morder y besar. Sabrás que será sólo a ti, y a cambio, hombre, a cambio te pido nada.

Me dejaste atónito ante tu oferta.

– No puedo creerte, mujer, no trates de engañarme –y, sin darte oportunidad de decir más nada, retomé el camino hacia algún lado, con mis pasos más decididos que antes y con el tambaleo en mi cabeza negándose a creer: “y a cambio te pido nada” … ¡Qué barbaridad!


[– ¡Vaya que me ha querido ver la cara de idiota! –digo para mí mismo–.
Y eso que hoy salí con mis mejores máscaras, las impecables que siempre funcionan.]


Terminé, progresivamente, equiparando tu recuerdo al rostro de una loca, al igual que a tus propuestas que sonaban obscenas, por absurdas, las vi perversas en su trasfondo… Hoy, hoy quisiera que esa perversión me consumiera. Ojalá hubiera hecho una excepción; uno nunca sabe dónde encontrará el amor, uno no puede –ni debe– negarse nada más así, sin más.

Es tarde para corregir mi error, mi idiotez. Y, aquí, en el mismo pabellón donde te espero encontrar todos los días, arrepentido de mi estupidez, confío en que la esperanza sea perenne y en que en algún momento vengas a buscarme. Ojala mi rostro no se haya borrado en tu memoria. Espero verte llegar un día. Estoy dispuesto a ofrecerte todo, y a cambio, corazón mío, a cambio te pido nada… nada.


José Eduardo Perezchica Vega

(Original: 25 de julio de 2005; ésta versión: 24 de junio de 2006).

rapsoda

viernes, 10 de agosto de 2007

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Dices que eres poeta
porque no tienes el pudor necesario del silencio

Jaime Sabines

En un abrir y cerrar de ojos
se derrama una lágrima-gota de sangre
que tiñe en el papel-la piel del rapsoda
con pluma-navaja
deja letras-heridas-rasgaduras que arden.

Cada relectura es remover la cicatriz abierta
azotar la puerta en la cara del recuerdo
dejar la pus expuesta
al alcance de ávidos gatos
que lamen-muerden-ronronean.

La poesía resulta a veces
un regazo cálido como un espejo.

arrullo tu recuerdo...

sábado, 4 de agosto de 2007

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arrullo tu recuerdo
cual bebé muerto entre mis brazos
balanceándolo frenéticamente
buscando darle vida
y escuchando
______ -a fuerza de quererlo-
el eco de un latido lejano
llamándome por mi nombre:
______ el nombre que me diste
______ y no recuerdo

abrazo el perfume de tus labios
y me lo impregno en el cuerpo nuevamente
pretendiéndolo
______ puedo sentirte
______ ______ aquí______ mía
______ ______ eternamente
[la eternidad se rompe en un instante]
______ -cruel suerte-.


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