De cosas varias... adicciones y baratelas

lunes, 4 de diciembre de 2006

Por segunda vez escribo éste post (gracias Performancing ¬¬) para comentar a aquel incauto que tenga el ánimo de leer algo sobre mis manías, ésto que he decidido llamar: De cosas varias... adicciones y baratelas.


Primero. Las adicciones: En un día de estos en que me encuentro vagando y divagando en interné, me topo, sin recordar ya el cómo o el porqué, con un test de adicción al internet. A ver... ¿será?... veamos... Me dispongo a contestar los reactivos que lo integran para decubrir, ¡oh sorpresa! que sí, estoy a punto de ser, por cosita de nada, un teporocho del interné. ¿Quién lo iba a decir? ((bueno, mi madre, mis amigos, en la escuela, en el trabajo...)) Aunque, bueno, no es para tanto, con un poquito de tratamiento... mientras no consista en la desintoxicación, todo bien, total que el interné no ha matado a nadie... ¿o sí?. Para constancia de lo anterior, anexo foto:

(click para ampliar)

Segundo. Las baratelas: Esto también podría haberse ubicado dentro de las adicciones, pero no, hay que darle su espacio propio, puesto que es más largo de contar.

Resulta que acompañé ayer a mi madre al mandado, a la Ley Cachanilla. Yo no tenía ganas de ir, tenía ganas de quedarme en la casa, pegado a internet como es costumbre (y casi adicción) y no hacer nada; pero accedí al final... ya qué. Cuando llegamos a la Cachanilla, hicimos tiempo para esperar a mi hermana quien nos acompañaría, por lo que vagamos un poco, fuí y me desayuné unas flautas y nos dirigimos al famoso supermercado. Cuál es mi sorpresa al llegar y encontrarme con uno de los pocos escenarios fascinantes que pueden atraerme a niveles de la... fascinación(?) dentro de un supermercado de éste tipo: un Remate de libros. Ahora bien, para entender éste escenario compartido por no muchos, es necesario explicar que:

1. Me gusta gastar mi poco dinero de sobra, no en licor, no en mujerzuelas*, sino en libros... pero con una característica no restrictiva en géneros o autores, sino en precios: me gusta comprar libros baratos.
2. Parecería que un libro barato tendría que ser de contenido barato, pero no. En escenarios como los supermercados, donde converge el ánimo mercantilista con la ignorancia (a veces) y la indiferencia, podemos encontrar libros con un buen porte, de autores grandiosos, temáticas fuertes, atrayentes, adictivas, en estilos novedosos, pero que, como es ya parte de la situación general de la Industria Editorial y el gremio, se encuentran en el caracter de "desconocidos" o "fuera de circulación". Es aquí donde puede un individuo como yo, no muy bien ubicado en lo económico, encontrar estos títulos a precios fácilmente asequibles.
3. He de confesar que, desde que inicié con éste hábito, ha sido éste supermercado la principal fuente de donde he nutrido mi pequeña biblioteca, la cual llega ya casi a rozar los 130 ejemplares. Mencionaba ya las cualidades de los autores que aqui he encontrado (no de todos, pero sí la mayoría). Por lo tanto le tengo un respeto a éste lugar y estoy atento a eventos como éste.
4. Pero lo de ayer sobrepasó mis experiencias anteriores: el promedio en el precio de la gran cantidad de libros que había adquirido aquí anda por ahí de los $19.90 MX, por lo que encontrarme ayer con precios de-Remate (en el sentido de varias de las asepciones de la palabra) fue para emocionarme. Mira que hayar libros desde $2.50 mx, en delante, guardando un promedio de $4.95, ha sido maravilloso y me mantuvo rascando hasta el cansancio, hasta el límite de lo que en mi cartera era contenido, los estantes.
5. Al escribir por primera vez éste post pensaba en lo grandioso que era, olvidándonos de la Industria Editorial, poner al alcance de la mano, clase media-baja, ésta oportunidad de cargar en su carrito de mandado, entre las naranjas y las sopas de vaso, uno o dos títulos qué leer en los ratos de ocio. NO discutiré sobre los títulos, autores o géneros que otras personas compraron, pues no es propio juzgar la lectura de otros, siendo que lo más rescatable y esperanzador de ese escenario ha sido hayarme con jóvenes, señores, doñas, adolescentes, gente de diferentes perespectivas de la vida (quiero creer), comprando libros al quitárseles la limitante de la cual siempre ha existido la queja: su relativamente alto costo. ¿Alto? Bueno, si consideramos que está entre comprarse un libro de Carlos Cuahutémoc Sánchez o Paulo Coehlo a un monto de aproximandamente $150, cuando en su lugar podrías comprar 3 carteras de carne (no clasificada, obviamente) y alimentar a tu familia una semana. Por eso lo relativo.


Ok. Para hacer el cuento corto. Me compré 23 libros, de los cuáles los únicos famosos son uno de Benedetti (Gracias por el fuego) y otro de Crosby, un tipo famoso en el estudio de la calidad (es que soy mitad administrador educativo). Es decir, los demás cumplen con otros de mis requisitos: ser parte de aquellos no tan conocidos, pero listos para ser conocidos y reconocidos. No se cuándo terminaré de leerlos, o si alcanzaré a leerlos siendo que tengo pendiente una tercera parte de mi biblioteca y se me atraviezan más y más con el tiempo...

Pero más vale que sobre a que falte, ¿no creen?

Nos vemos.



2 curiosos han dicho::
Gerah dijo...

23 Libros!!! Para Los Dias De Insomnio.
Nunca E Comprado Un Libro Que Pase De $170

Una Shika Normal dijo...

Hey Morrio Aborasado! Habemos Mas Gente En Mexicali!!!!!! No Te COmpres Todosa Los Librooooooooooooos! Veras voy a ir a asaltar tu casa :P Jaja te mando besishos!


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