"A estas horas, aquí"... leyendo a Sabines

jueves, 20 de julio de 2006


Como buen catalizador de mis aventuras y desventuras, del amor y el desamor, de mi pasión y de ésos afanes mínimos que caben dentro de aquello que busco ser y hacer para poder Ser y Hacer; como buena lectura, tranquilizante dador de respuestas: ése es Jaime Sabines en mi biblioteca: un autor aparte que no ha de mezclarse con los "escritores", puesto que él es de esos pocos que a fuerza de la voz profética y la conexión establecida con el mundo y quienes lo habitan, a través de ello éste hombre ha de llamarse poeta [incluso si lo negara] ya que cumple con la palabra al pie de la letra.


He de dejarlos con dos trozos de su obra, dos que en éste momento definen mi sentir y mi flaqueza, he de dejarles la sombra de alguien para que voltéen a mirarle marcharse cuando ya se ha ido [no os preocupeis, ha dejado en sus pasos marcadas las huellas y el rastro que conduce a donde queramos].



A estas horas, aquí

Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.
No tengo "hambre de amor", pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer, o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.
Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...
Este cielo de México es obscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
(Anoche, sin embargo, había llovido
y era fresco, amoroso, delgado.)
Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato
o le diría un cuento
que no dijera nada, pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.

La jaula que me cuente sus amores con el canario.
La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,
y la dulce luna de mi armario,
que me digan algo,,
que me hablen en metáforas, como dicen que hablan,
este vino es amargo,
bajo la lengua tengo un escarabajo.

¡Qué bueno que se quedara mi cuarto
toda la noche solo,
hecho un tonto, mirando!
Jaime Sabines, La señal (1951)


Dentro de poco vas a ofrecer

Dentro de poco vas a ofrecer estas páginas a los desconocidos como si extendieras en la mano un manojo de hierbas que tú cortaste.

Ufano y acongojado de tu proeza, regresarás a echarte al rincón preferido.

Dices que eres poeta porque no tienes el pudor necesario del silencio.

¡Bien te vaya, ladrón, con lo que le robas a tu dolor y a tus amores! ¡A ver qué imagen haces de ti mismo con los pedazos que recoges de tu sombra!

Jaime Sabines, Nuevo Recuento de Poemas (1980)


1 curioso ha dicho::
Anónimo dijo...

ttss uno de mis favoritos (;
clamor


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